viernes, 17 de julio de 2009

UN KILO DE CALDERILLA


Ya tengo piso, me mudo este domingo. Está en el East Village (332 E 14th Street). Podéis ver mi calle y dónde está ni edificio en este enlace:

http://maps.google.es/maps?f=q&source=s_q&hl=es&q=332+E+14th+St,+Nueva+York,+Nueva+York,+Estado+de+Nueva+York+10003,+Estados+Unidos&sll=40.396764,-3.713379&sspn=8.097298,19.753418&ie=UTF8&cd=1&geocode=FcODbQIdyBiX-w&split=0&ll=40.7323,-73.98365&spn=0.00787,0.01929&t=h&z=16&iwloc=A

El piso no está mal, es pequeño y algo antiguo, pero la habitación es amplia y luminosa, está amueblada (mucha gente las alquila vacías) y comparto con sólo una chica más, que por lo visto está poco en casa. Ya contaré más de ella porque ni siquiera la he visto, sólo sé que es japonesa y que tiene 30 años. La chica que me enseñó el piso es la que usa la habitación que voy a alquilar yo, se llama Chia (es de origen chino) y se vuelve unos meses a su Ohio natal. El barrio es una maravilla, tiene muy buen ambiente, un montón de tiendas geniales y muchos sitios para comer todo tipo de comida, como por ejemplo un español con una fachada muy genuina llamado “La Paella”. Seguro que acabo entrando a ver qué se cuece por ahí. Es que ayer en mi paseo vespertino estuve dándome una vuelta por la zona y para mi alegrón, hay un par de tiendas de productos japoneses enormes e increíbles. Llevo tres días comiendo todos los días (comida o cena) tallarines somen mientras veo una película en el ordenador. Ayer no tenía batería en la cámara, pero no importa…tengo más de dos meses por delante para conocer y fotografiar mi nuevo barrio hasta hartarme. No os imagináis el calor que empieza a hacer por aquí, que sumado a la humedad hace que sudes como un pollo. El caso es que a pesar de este calor espantoso, es un grave error no llevar siempre algo de manga larga contigo, porque en cuanto pones el pie en un edificio tienes que hacer uso de él. De hecho a mí casi me dan ganas de llevarme unos calcetinitos al laboratorio, pero igual es un poco exagerado…coño es que tienen un rollo nevera en los edificios que no hay quien lo aguante. Ellos parecen muy acostumbrados, pero yo voy con la piel de gallina por todos lados. En fin…es lo que hay.

Irse de compras en Nueva York es un acto inevitable y me atrevería a decir que hasta casi inconsciente. Un ejemplo: yo necesitaba un cuaderno, así que entré en una papelería. Pues resulta que aquí todas las tiendas son lo más, así que la puñetera papelería tenía unas cosas increíbles, cajas de lápices de colores alucinantes, cuadernos estupendísimos…el caso es que me tiré una hora andando por los pasillos tentada de comprarme un montón de cosas que por supuesto no necesitaba. En un momento de lucidez, me eché una bronca a mí misma y dejé todo excepto un cuaderno monísimo que me compré (porque eso sí lo necesitaba) y salí corriendo de la tienda. Ese día estuve por Broadway y por Times Square…que es la plaza famosa esa llena de carteles de colores y luces. La verdad es que es para verlo, porque las fotos no hacen justicia. Es curioso ver cómo la gente se sienta allí como en una enorme terracita de las nuestras, pero a lo yanki, es decir, a lo grande. Casi sin darme cuenta, entré en la Levi’s Store y derepente me encontré saliendo de ella con una bolsa en la mano…¿y esto? Pues nada, que como os digo, es un acto casi inconsciente, como una especie de viaje astral. Otra anécdota de mis compras en NY es que en mi afán de pagar sin complicarme, saco siempre el billete que más se acerque al precio marcado, paso de las monedas. Traducción: tengo una cartera llena de monedas y un fajo de billetes de un dólar de los cambios que me dan. Creo que debería empezar a usar las monedas porque empieza a ser preocupante y ya no me caben.

miércoles, 15 de julio de 2009

FLAMENCO EN LOS RASCACIELOS


Llevo levantada desde las 5 y pico de la mañana e imposible volver a pegar ojo. Pero así he aprovechado para buscar anuncios de pisos y para descargar las fotos que hice ayer. El vuelo fue sin contratiempos. Me vi dos pelis, una era de llorar de las que me gustan a mí (http://www.lastchanceharvey.com/) y mi vecino de asiento, mientras veía una machada de acción, miraba de reojo cómo yo me secaba las lágrimas con la manta. Después venía el puñetero control de policía, pero la verdad es que esta vez fue rápido. Sólo me cogieron las huellas digitales de cuatro dedos. El poli era británico con un acento cerrado del cual entendía la mitad. Yo sonreía y creo que él trataba de hacer alguna broma. Me hizo algunas preguntas tontas y me selló el pasaporte enseguida. Después ni me abrieron la maleta ni nada, para bien de mis numerosas latas de sardinas en escabeche...así que ¡ya estaba fuera! Lo primero era coger un taxi hasta Manhattan...los taxis amarillos de las pelis, ahí estaban, todos ellos con conductores negros y/o con turbante. El que me tocó fue amable pero tenía la repugnante costumbre de sacarse la cera de los oídos con un bolígrafo que guardaba en el salpicadero. Yo me quedé petrificada ante tal visión, pero enseguida disimulé mirando por la ventanilla como si tal cosa. Los taxis desde el aeropuerto hasta Manhattan tienen un precio fijado de antemano, lo cual está bien. Son 45 $ + 5 $ de peajes y después se deja otro 15-20% de propina, que aquí es un tema bastante más serio que en España.
Cuando abrí la puerta de mi apartamento no me lo podía creer... ¡es una pasada! Lo malo es que tendré que dejarlo después de esta primera semana...ojalá pudiera quedarme aquí todo el tiempo. Para que os hagáis una idea, estoy escribiendo tumbada en una cama de matrimonio con un enorme ventanal a mi derecha desde el que veo los rascacielos de la Gran Manzana. Eso sí, esta zona no es demasiado interesante.
Mi paseo por Manhattan ayer fue curioso... Por la Quinta Avenida vi un montón de negratas raperos que te dan su CD a cambio de la voluntad. Evidentemente son CDs caseros, pero merece la pena ser asaltado por alguno de estos personajes (eso sí, con una vez es suficiente). Yo compré un CD por 5 $ de un tal Flooddiesel, con título “The Making of The Man”. El tipo en cuestión, que por cierto tenía todos los dientes forrados de oro, me hizo la pelota un rato que qué bonita España, que le escriba para comentarle su disco y que vaya a Washington Square a no sé qué. Después le di los 5$ y me dijo que si no tenía un par más. Le dije que no y seguí mi camino. Después de éste, utilicé mi táctica anti-asaltadores-de-la-calle, que es hacer que hablo por teléfono cuando diviso uno en la lejanía. Así evito a los que te hacen encuestas o a los que te piden dinero para diversas cosas. A todo esto, mi misión era comprar un adaptador para enchufar el ordenador y algo de comer para cenar-desayunar. Iba dormidísima y me dolían los pies y la espalda del cansancio. Acabé comprando cosas insólitas: un cartón de leche (después de cargarme uno en la tienda porque se me cayó al suelo al ir a pagarlo), una caja de cereales, unos green peas con wasabi y una lata de 700 ml de té verde. ¿Pero qué coño pretendía cenar? Ya se echaba la noche encima, así que me puse a caminar de vuelta y compré algo de comida preparada y dos manzanas. Llegué reventada y empecé a escribir algún e-mail con dos neuronas que aún estaban operativas. Ahora es el día siguiente, pero lo de hoy es más aburrido así que no lo voy a contar mucho. Sólo quería comentar mi alucine frente a Nueva York y las uñas: en cada manzana yo creo que hay uno o dos establecimientos en los que te hacen todo tipo de manicuras, implantes de uñas de porcelana y más cosas que seguro que yo desconozco. Además, en cada tiendecilla tienes una estantería llena de complementos "uñiles", como pegatinas diminutas, esmaltes de mil colores y uñas postizas. Vamos, que igual hasta yo acabo con unas uñas de diseño…bueno, la verdad es que no creo.
Ah, probablemente me mude este fin de semana a un apartamento que acabo de ir a ver. Compartiría con una japonesa de 30 años. Es algo pequeño y caluroso, pero la zona está muy bien (East Village), tiene de todo cerca y puedo venir al laboratorio dando un paseo de unos 15 minutos.