El piso no está mal, es pequeño y algo antiguo, pero la habitación es amplia y luminosa, está amueblada (mucha gente las alquila vacías) y comparto con sólo una chica más, que por lo visto está poco en casa. Ya contaré más de ella porque ni siquiera la he visto, sólo sé que es japonesa y que tiene 30 años. La chica que me enseñó el piso es la que usa la habitación que voy a alquilar yo, se llama Chia (es de origen chino) y se vuelve unos meses a su Ohio natal. El barrio es una maravilla, tiene muy buen ambiente, un montón de tiendas geniales y muchos sitios para comer todo tipo de comida, como por ejemplo un español con una fachada muy genuina llamado “La Paella”. Seguro que acabo entrando a ver qué se cuece por ahí. Es que ayer en mi paseo vespertino estuve dándome una vuelta por la zona y para mi alegrón, hay un par de tiendas de productos japoneses enormes e increíbles. Llevo tres días comiendo todos los días (comida o cena) tallarines somen mientras veo una película en el ordenador. Ayer no tenía batería en la cámara, pero no importa…tengo más de dos meses por delante para conocer y fotografiar mi nuevo barrio hasta hartarme. No os imagináis el calor que empieza a hacer por aquí, que sumado a la humedad hace que sudes como un pollo. El caso es que a pesar de este calor espantoso, es un grave error no llevar siempre algo de manga larga contigo, porque en cuanto pones el pie en un edificio tienes que hacer uso de él. De hecho amí casi me dan ganas de llevarme unos calcetinitos al laboratorio, pero igual es un poco exagerado…coño es que tienen un rollo nevera en los edificios que no hay quien lo aguante. Ellos parecen muy acostumbrados, pero yo voy con la piel de gallina por todos lados. En fin…es lo que hay.
Irse de compras en Nueva York es un acto inevitable y me atrevería a decir que hasta casi inconsciente. Un ejemplo: yo necesitaba un cuaderno, así que entré en una papelería. Pues resulta que aquí todas las tiendas son lo más, así que la puñetera papelería tenía unas cosas increíbles, cajas de lápices de colores alucinantes, cuadernos estupendísimos…el caso es que me tiré una hora andando por los pasillos tentada de comprarme un montón de cosas que por supuesto no necesitaba. En un momento de lucidez, me eché una bronca a mí misma y dejé todo excepto un cuaderno monísimo que me compré (porque eso sí lo necesitaba) y salí corriendo de la tienda. Ese día estuve por Broadway y por Times Square…que es la plaza famosa esa llena de carteles de colores y luces. La verdad es que es para verlo, porque las fotos no hacen justicia. Es curioso ver cómo la gente se sienta allí como en una enorme terracita de las nuestras, pero a lo yanki, es decir, a lo grande. Casi sin darme cuenta, entré en la Levi’s Store y derepente me encontré saliendo de ella con una bolsa en la mano…¿y esto? Pues nada, que como os digo, es un acto casi inconsciente, como una especie de viaje astral. Otra anécdota de mis compras en NY es que en mi afán de pagar sin complicarme, saco siempre el billete que más se acerque al precio marcado, paso de las monedas. Traducción: tengo una cartera llena de monedas y un fajo de billetes de un dólar de los cambios que me dan. Creo que debería empezar a usar las monedas porque empieza a ser preocupante y ya no me caben.
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